El valor de la palabra empeñada

Tuve un profesor de marketing que era un tiro al aire; sus clases eran divertidísimas y prácticas.
A uno de sus cursos los llevó a una feria libre como si fueran de básica, a ver cómo allí sin haber tenido nunca curso alguno, igual desarrollaban distintas técnicas de marketing.
En otra oportunidad, una compañera hizo una presentación de comidas para mascotas, focalizándose en la comida para perros. Dió una excelente charla y al término de ésta, cuando comenzaba la ronda de preguntas, este profe pregunta: "muy buena su presentación, pero, ¿y donde está el perro?"
Plop!! mi compañera no supo que decir, y por ese sólo detalle el profe la reprobó...
Siempre decía "preocúpense de los detalles, por que en marketing los detalles hacen la diferencia"
Este mismo tipo no se cansaba de decir: "cuando te hagan una pregunta busca una muralla y antes de responder golpéate la cabeza contra la muralla contando hasta diez...
Si todos hicieran eso en las pruebas les aseguro que tendrían buenas notas," repetía. Y continuaba: " Me sorprende muchísimo que en cuanto reciben sus pruebas comienzan de inmediato a escribir sin antes pensar lo que responderán."
Era todo un caso ese viejo. Lo pasabamos bien en sus clases, era reirse los 90 minutos que duraban, y lo mejor, aprendíamos...
El punto está en que muchísimas veces uno llega y habla sin pensar lo que está diciendo.
Cuántas veces despues nos hemos arrepentido de lo que hemos dicho, de los compromisos que hemos adquirido, etc...
En ese contexto, no sé que será lo mejor, si cumplir o arrepentirse y rectificar lo acordado y al respecto se me vienen a la mente dos citas:
El que se arrepiente se salva, y
Que tu sí sea sí, y que tu no sea no.
Bueno yo me inclino por la segunda, lo que me obliga claro está, a pegarme contra una muralla cada vez que responda ante una pregunta o propuesta.


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